La ilustración oscura se muda a la Argentina

13.05.2026


(Escribe: Rubén Achdjian). La reciente llegada de Peter Thiel a la Argentina ha abierto un abanico de conjeturas sobre el verdadero propósito de su visita. Por lo pronto, la compra de una casa en la zona más exclusiva de Buenos Aires y los rumores sobre la búsqueda de una escuela apropiada para sus hijas, parecen verificar las sospechas de que su estadía aquí será más extensa de lo que podría, en principio, suponerse.

Aunque los medios han insistido en poner el foco en estos detalles, la vida privada de este excéntrico billonario debería importarnos poco y nada. En cambio, sí deberíamos poner atención a algunos aspectos de su vida pública.

Thiel es un empresario nacido en Alemania y formado en leyes y filosofía en la Universidad de Standford. Junto con Elon Musk fundó PayPal en 2001 y apalancado con las ganancias obtenidas de esta compañía pionera en el mundo de las fintech, Thiel diversificó sus actividades hacia otros campos digitales; entre ellos, la big data y la inteligencia artificial.

En la actualidad, Thiel es uno de los propietarios de Palantir Technologies, una empresa dedicada a la vigilancia global que provee datos e información estratégica a agencias gubernamentales dedicadas al antiterrorismo y a la prevención de fraudes bancarios. Palantir, digámoslo, no nació en un garaje con jóvenes y entusiastas programadores –lo que sería el sueño lúbrico de cualquier emprendedor informático- sino que, desde el inicio, contó con el financiamiento de In-Q-Tel, un fondo de capital de riesgo coadministrado por la Central Intelligence Agency (CIA) y el Departamento de Guerra de los EEUU.

Por medio del suministro de información derivada del espionaje de personas y grupos, Palantir ha brindado cooperación relevante al ICE (U.S. Immigration and Customs Enforcement), agencia que ha sido responsable de las brutales detenciones y deportaciones masivas de inmigrantes que ocurren hoy en los EEUU y con la provisión de información al ejército israelí para sus operaciones militares de limpieza étnica en Gaza.

A fines de abril de este año -casi en simultáneo con la llegada de Thiel a la Argentina- Palantir publicó un manifiesto de 22 puntos basados en un libro de Alex Karp -filósofo y copropietario de la empresa- titulado "La República Tecnológica". En el documento, se sientan las bases de un nuevo orden mundial basado en el predominio global estadounidense y en una posdemocracia que reemplace la soberanía popular por la eficacia de la tecnología en un sistema global de poder ejercido por los CEOs.

La democracia algorítmica

Este proyecto político mundial podrá parecer descabellado para muchos pero, en realidad, plantea una alternativa que hoy es posible (merced a la tecnología) y que, según sus creadores, está suficientemente fundamentada.

Las tesis de Palantir podrían explicarse de la siguiente manera: hasta hace un siglo atrás, la democracia liberal -sistema político basado en la ampliación del sufragio, en la consagración legal de derechos civiles y ciudadanos y en la competencia de partidos- constituía un régimen de gobierno que habían adoptado pocos estados en el mundo. De hecho, muchos intelectuales del siglo XIX y principios del siglo XX consideraban que un régimen semejante no era compatible con el desarrollo de un sistema económico, el capitalista, basado en la propiedad privada y en la libertad de acción de los agentes del mercado.

En efecto, los pensadores liberales "clásicos" como James Stuart Mill o Alexis de Tocqueville consideraban que la Libertad era un logro civilizatorio demasiado importante como para dejarlo librado a los caprichos igualitaristas de una plebe ignorante que, sufragio ampliado mediante y organizada a través de un partido, podía devenir en una tiranía o en una oclocracia.

Desde la perspectiva marxista la opinión era, en muchos aspectos, coincidente con la liberal. El propio Marx, en "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 ", afirmaba que la burguesía no podía sostener sino excepcionalmente la vigencia del sufragio universal porque, si lo hiciera permanentemente, socavaría los cimientos mismos de la sociedad capitalista. Del mismo modo, Engels -en el prólogo de esa obra, que recopiló y publicó en 1895- opinaba que la era de la insurrección obrera había sido derrotada en 1871 con la caída de la Comuna de París y que la nueva estrategia de las masas obreras debía concentrarse en la conquista del sufragio.

Como vemos, durante buena parte de la modernidad occidental, liberales y marxistas coincidieron en la idea de que las reglas de juego de los mercados y de la democracia liberal no hacían buenas migas. Sin embargo, con la aparición de los regímenes nazi fascistas en Europa, su posterior derrota y la consolidación del poder soviético -que Occidente percibió como la nueva amenaza a derrotar- el ideal del sufragio ampliado, el funcionamiento de los mercados y el desarrollo del capitalismo hallaron, en los años de la segunda posguerra, una renovada manera de coexistir bajo el paraguas de la democracia liberal.

Hoy, ochenta años más tarde, el poscapitalismo ya no necesita de la democracia liberal, a la que considera un gran estorbo. Los billonarios globales se ha hartado de los compromisos de la gobernabilidad, de la metodología de mediación de sus representantes y de las molestas regulaciones y obligaciones fiscales que les impone el sistema político. El exponencial avance tecnológico hoy les ha permite prescindir de buena parte de las instituciones tradicionales de la democracia liberal a las que consideran, además, ineficaces e ineficientes.

En una reciente entrevista televisiva, Andrés Malamud - politólogo argentino radicado en Lisboa que es atentamente escuchado por importantes sectores del establishment- explicó el proceso de la siguiente manera: "Endiosamos la democracia liberal como si fuera permanente (…) la democracia que viene es distinta y posiblemente sea menos liberal que la actual. Y las redes sociales marcan el camino para donde va a ser menos liberal. Hay una masa, hordas digitales, que atentan contra el derecho de las minorías, contra el derecho a la privacidad, a la reputación".

El problema radica, precisamente, en la gestión de los tiempos. Malamud afirma que la democracia liberal, en tanto representativa, tiene dos tiempos: el momento en que se eligen a los representantes y el tiempo en el que los representantes toman una decisión pública. Las plataformas digitales provocan, en cambio, la instantaneidad del proceso político.

Aunque ideológicamente ubicado en las antípodas del pensamiento de las IO, Malamud termina coincidiendo con su principal postulado: "la democracia fue siempre un blanco móvil -señala- la democracia liberal es un capítulo pequeño en la historia de la democracia".[1]

La filosofía de la ilustración oscura.

Palantir es el mascarón de proa de una corriente de ideas a escala global a la que se suele denominar ilustración oscura (IO) o neo reacción y que a muchos les parecerá novedosa, aunque ya lleva veinte años de desarrollo. Sus principales ideólogos son Curtis Jarvin, Nick Land, Marc Andreessen, Thiel y Karp.

El argumento central de la IO es que la democracia liberal y el igualitarismo son errores históricos y patologías sociales que deben ser erradicadas. Precisamente, los principios de la soberanía popular y los derechos civiles y políticos que la democracia liberal ha consagrado son, según los ideólogos de la IO, el principal obstáculo a la innovación y el progreso.

En la nueva perspectiva que intenta imponer la IO, las instituciones políticas de la democracia liberal deberían ser reemplazadas por un sistema que establezca una relación directa entre el líder con atribuciones casi absolutas -sus ideólogos piensan en la figura de un rey filósofo, tal como lo imaginó Platón en Politeia- y una "multitud" creada, organizada y movilizada en el ciberespacio por medio del empleo de los algoritmos adecuados. Precisamente, para Curtis Jarvin -el ideólogo más audaz de esta corriente- la democracia es el "poder de la multitud, de la gente agitada".[2]

Jarvin afirma que la pandemia de Covid XIX abrió una ventana de oportunidad por donde se colaron las nuevas elites tecnológicas que, a partir de ese momento, no solo se sintieron con el derecho, sino además con la obligación, de gobernar. Y frente a ellos, el único impedimento real que hasta el momento han encontrado es la resistencia las instituciones de la democracia liberal, estresadas por la tensión permanente que existe entre amplios sectores de la sociedad civil movilizados en reclamo de sus derechos y la burocracia que las administra.

Los nodos locales

Sin duda, existen vínculos directos y estrechos entre los experimentos libertarios, las nuevas derechas globales y la oligarquía billonaria dedicada al Big Tech. Para Yanis Varoufakis, los nuevos señores feudales -los nubelistas, propietarios de las plataformas digitales- hoy concentran un poder económico muy superior al PBI de muchos estados.

La principal ventaja que han tenido hasta el momento es que, frente a la lógica de acumulación que les ha permitido lograr ese poder, los estados no han sabido o no han podido fijar regulaciones eficaces que impidieran esa concentración; sobre todo en materia de competencia comercial y derecho laboral.

Entretanto, las plataformas digitales siguieron y siguen cobrando a los usuarios un tributo -un derecho de peaje o diezmo, similar al que existía en el medioevo europeo- por las transacciones de bienes y servicios que se realizan en el territorio digital, sin que los estados hayan logrado establecer el procedimiento fiscal más adecuado para capturar una parte de esa descomunal renta que circula por las redes digitales.

Para Varoufakis, los estados terminan subordinados al poder de los nubelistas porque gran parte, sino la totalidad de la infraestructura de datos gubernamentales, son administradas por plataformas digitales controladas por los señores tecno feudales: Palantir es el caso paradigmático de esta relación de subordinación y dependencia.

Esta relación impone, a su vez, que los nubelistas presionen a los representantes políticos para obtener y mantener en vigencia regulaciones proteccionistas o beneficios fiscales; básicamente subsidios, como ocurre con Mercado Libre en la Argentina, que percibe más de USD 100 millones anuales en exenciones impositivas. Esta serie de beneficios les permiten conservan y acrecentar sus posiciones dominantes.

Por su parte, el control sobre las redes sociales y los medios de comunicación digitales les permiten influir decisivamente en los procesos políticos en cada país. Un ejemplo de ello fue el papel que jugó X -la ex red social twitter adquirida en 2024 por Elon Musk- en la campaña presidencial de Donald Trump.

Las dos experiencias que mejor ilustran sobre el estrecho vínculo que existe entre tecno feudalismo y política son las de Donald Trump en los EEUU y Javier Milei en Argentina. Aunque las diferencias políticas, sociales y económicas entre los dos estados es abismal, el punto en común entre ambos casos es la influencia que ha logrado ejercer la oligarquía tecnológica sobre las principales políticas públicas en cada país.

Por supuesto, los vínculos fácticos entre los intereses nubelistas y el proceso de decisión pública está mediada -al menos, hoy por hoy- por la intervención de un tipo específico de burocracia que se ubica en una zona opaca entre el sector público y el mercado.

Las burocracias alineadas

En la Argentina, el modelo del burócrata disciplinado y alineado con los intereses de la oligarquía Big Tech ha sido el de Demian Reidel, un físico y economista que -producto de su extensa amistad con Javier Milei- fue designado como presidente de Nucleoeléctrica SA, el organismo estatal tripartito que genera y administra la energía proveniente de las centrales nucleares de Atucha I y Embalse.

En la disertación que pronunció en el IEFA Latam Forum en marzo de 2025, Reidel convocó a los principales empresarios de las áreas de energía y minería allí presentes a invertir en Argentina. El proyecto económico del gobierno, según Reidel, consiste en reconvertir al país en un centro global de IA y para ello, explicó, "Tenemos grandes extensiones de tierra con acceso a la energía, con acceso al agua en climas fríos, que es una especie de cereza del pastel para la refrigeración de los sistemas, y en una zona sin conflictos armados, sin tsunamis, sin terremotos. No hay muchos lugares en la tierra con esas cosas". Luego de enumerar todas estas ventajas comparativas que ofrece la Argentina al mundo, se refirió a su gran desventaja: "Obviamente el problema con esta área es que está poblada por argentinos -dijo Reidel- así que esto es lo único que hemos arreglado".[3]

La nueva derecha que hoy gobierna la Argentina cree -tal como lo creían las elites que gobernaron el país a finales del siglo XIX- que el círculo virtuoso de la economía nacional consiste en su capacidad de integrarse al mundo como productor primario de commodities pero, a diferencia de la dirigencia decimonónica, ya no serán los bienes agrícolas los que impulsarán el "despegue argentino" sino los insumos primarios energéticos y mineros que hoy se encuentran en el subsuelo de su extenso territorio. El punto de contacto entre ambas visiones es el carácter dependiente y subordinado que le asignan a las fuerzas productivas del país; un país "rico" y escasamente poblado, como lo explicara Reidel.

¿Una nueva forma de fascismo?

La retórica política de la nueva derecha argentina se construye a partir de un exceso de exabruptos, cinismos y falsos conceptos. En este aspecto, no se distingue demasiado del fascismo italiano. La serie televisiva "M, el hijo del siglo" -basada en la novela de Antonio Scurati sobre la vida de Benito Mussolini- comienza con una poderosa frase: "Siempre llega un momento en el que el populacho perdido vira hacia ideas simples. Hacia la sabia brutalidad de los hombres fuertes. En nosotros encuentran una salida para sus rencores, un escape de su mortificante sensación de impotencia, una repentina y milagrosa esperanza de revertir su insatisfactorio destino. Basta con decir las palabras correctas, palabras simples, directas, con la mirada correcta y el tono indicado".

El fascismo italiano se nutrió de buena parte de esa gente rota que volvió mutilada del frente de guerra. La derecha libertaria se nutrió, en cambio, de la gente rota que sobrevivió a la pandemia. En ambos casos, el elemento dominante en ambas experiencias ha sido masculino.

Sin embargo, la nueva derecha no constituye ni remeda un fascismo a secas, sino que es otra cosa mucho más compleja. Se manifiesta, efectivamente, violenta -al menos en el lenguaje del discurso político- y autoritaria, tal como lo fue el fascismo. Pero, además, defiende a ultranza, al igual que los liberales económicos, el imperio del mercado sobre la función regulatoria del Estado, un elemento completamente ausente en la acción económica de los totalitarismos del siglo XX.

Defiende, además, muchos de los valores conservadores tradicionales contra la ideología de género, la diversidad sexual y el aborto legal, a través de una batalla cultural desplegada en las redes y empujada por los dispositivos mediáticos del gobierno, a través de las granjas de trolls.

El discurso libertario sostiene, también, una visión geopolítica basada en una peregrina reedición ideológica de la guerra fría, donde los países que integran el "mundo libre" se oponen al avance del "comunismo" y del "marxismo cultural". Esta visión "universalista" nada tiene que ver con la mirada nacionalista del fascismo.

Y, sobre todas las cosas, la nueva derecha asume la primacía de las nuevas tecnologías digitales como el principal fetiche de una renovada fe en el "progreso". Para el pensamiento libertario autóctono, la Argentina "granero del mundo" debe dar paso a la de la Argentina "servidor del mundo".

Sobre esta plataforma ideológica -que es, cuanto menos, ecléctica- el experimento de Milei ha logrado conformar una base electoral lo suficientemente dura que, tal como está planteado hoy el electorado, le permite disputar nuevamente la presidencia con un resultado hoy impredecible en cualquier escenario de balotaje: los rotos, los conservadores desencantados del macrismo, los geeks[4], los antiperonistas intransigentes, los monotributistas que se autoperciben emprendedores; todos en un mismo lodo, como dice el tango.

La visita de Thiel a la Argentina es, según la opinión de algunos medios, la oportunidad que se ha dado el magnate para observar de primera mano el extraño fenómeno político inaugurado por Milei en nuestro país.

En lo personal opino que le resultará mucho más interesante observar cómo reproduce y consolida esta impensada legión de votantes y militantes de la nueva derecha que ha llegado al sistema político argentino para quedarse al menos un rato mucho más prolongado de lo que, en principio, se pronosticaba.


[1] Odisea Argentina, entrevista con Carlos Pagni (4 de mayo de 2026) https://www.youtube.com/watch?v=NWgh6EYMEYY&t=917s (15' 12")

[2] https://legrandcontinent.eu/es/2025/04/05/curtis-yarvin-la-gran-entrevista-con-el-intelectual-organico-de-la-contrarrevolucion-trumpista-1a-parte-x/

[3] https://www.infobae.com/politica/2025/03/22/demian-reidel-resalto-las-ventajas-de-argentina-para-el-desarrollo-de-ia-pero-aclaro-el-problema-es-que-esta-poblada-por-argentinos/

[4] Se denomina de este modo a las personas fascinadas con la tecnología, la informática, los videojuegos y los comics. 

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