Fútbol, guerra y opinión pública

15.03.2026

(Escribe Rubén Achdjian). De cara a las elecciones de medio término que facilitaran o impedirán la cuota de gobernabilidad que necesitará para terminar bien su mandato, Trump ha superpuesto conflictos que pueden jugarle en contra en función de lograr ese objetivo. La realización del Mundial podría ser un ancla para sus aspiraciones.

Los analistas en estrategia suelen decir que entrar en cualquier guerra es una asunto relativamente sencillo: lo realmente complicado es salir de ella; sobre todo airoso. En los asunto bélicos, el momento más oportuno para una salida, y su resultado definitivo que se obtendrá, son siempre incógnitas.

La ofensiva militar de Israel y EEUU contra Irán ha ocurrido, como todos sabemos, en momentos de relativa debilidad política interna de Donald Trump y de Benjamin Netanyahu y, en parte, la guerra ha sido decidida como una opción para salir de esa incómoda situación que siempre afecta a la gobernabilidad del sistema.

En paralelo a esta guerra, hay otros eventos de naturaleza diversa que concitarán la atención de la opinión pública mundial en los próximos meses. Uno de ellos es, sin duda, la Copa Mundial de Fútbol que se realizará entre junio y julio de este año en el subcontinente norteamericano. La federación de fútbol de los EEUU, al igual que las de Canadá y México, tendrán a su cargo la organización de lo que es, sin duda, el evento deportivo más importante del planeta.

Queda claro, a esta altura de los acontecimientos, que la continuidad de la guerra en el golfo pérsico excederá los tiempos originalmente previstos por la administración Trump, lo que podría volverse un búmeran que causará efectos indeseados e impredecibles para el liderazgo del octogenario presidente. Antes de iniciarse el ataque a Irán, el "Mundial de los EEUU" -tal como se ha instalado en los medios internacionales, subestimando de algún modo las aptitudes organizativas canadiense y mexicana- era visto como una catapulta para las aspiraciones políticas de Donald Trump, de cara a la segunda etapa de su mandato definitivo.

El síndrome del "pato rengo" (lame duck, en inglés) es un término político utilizado para describir las acotadas capacidades que le quedan a un funcionario que transita sus últimos meses de mandato sin posibilidades de ser reelecto en su cargo. A partir de las elecciones de medio término que se realizarán en EEUU en noviembre, Trump será un pato que comenzará indefectiblemente a renquear y sus aspiraciones quedarán reducidas a intentar llegar al último día de su mandato con el menor daño posible en sus competencias.

Hasta aquí el "agente naranja" ha podido eludir con éxito las responsabilidades políticas y judiciales que podrían imputársele como deriva del Escándalo Epstein y la guerra ha jugado un papel importante en esta fuga hacia adelante. Sin embargo, la pregunta ahora es qué pasará con su imagen pública -y la de su país- si la guerra que inició se prolongara demasiado en el tiempo. Por lo pronto, un dato: el último mundial realizado en Catar congregó a más de 5.000 millones de personas, entre público de estados y televidentes y el partido final fue seguido en vivo por 1.500 millones de personas en todo el planeta.

Es redundante explayarse aquí sobre el estrecho vínculo que existe entre fútbol y política. En la extensa historia de los mundiales, el estallido de la segunda guerra impidió que se disputaran las ediciones de 1942 y 1946. El mundial recién pudo ser reeditado en 1950 y bien alejado de la devastada Europa: se realizó en Sudamérica y Brasil ofició de país anfitrión. En nuestro país, el Mundial de 1978 fue utilizado por la dictadura cívico militar para "lavarle la cara" ante la opinión pública internacional a un régimen sostenido en la violación de los derechos humanos. Sudáfrica, por su parte, utilizó el mundial de futbol de 2010 -como hizo en 1995, con la III Copa Mundial de Rugby- para proyectar una nueva imagen del país hacia el mundo luego de erradicar el régimen del appartheid.

Por lo pronto, la federación iraní de futbol -clasificada en el grupo G- anunció que se retira de la competencia. La primera presentación del equipo iraní en el torneo estaba prevista el próximo 15 de junio en Los Ángeles. El ministro de deportes del país, Ahmad Doyanmali, señaló que los EEUU no ofrecen garantías suficientes para la seguridad individual de los integrantes del equipo y agregó que "Si el país organizador fuera otro, seguramente la comunidad internacional habría reaccionado y le habría retirado la sede". Recordemos que las sanciones que pueden aplicar la FIFA contemplan esta posibilidad, al igual que la suspensión del país para participar del certamen, como sí sucedió con la Federación Rusa que fue excluida del Mundial de Catar a raíz de la invasión a Ucrania iniciada en febrero 2022.

Además, entre los 32 equipos clasificados aún hay tres -Arabia Saudita, Catar y Jordania- que han sido damnificados por esta guerra y sobre cuya participación podría existir algún manto de duda, si es que el conflicto escalara en intensidad o, como sí se espera por estas horas, se extienda hasta que se inicie el Mundial, en junio. Incluso, habrá que ver qué sucederá finalmente con el seleccionado de Iraq, país que cuenta con el mayor mérito deportivo para ocupar la plaza vacante de Irán y, al mismo tiempo, un país que ha sido destrozado por dos intervenciones militares estadounidenses en los últimos 35 años.

Anticipando la posibilidad de que alguno de estos sucesos ocurran en las próximas semanas, el presidente Trump recibió en la Casa Blanca al equipo del Inter Miami, último campeón de la Major League Soccer y cuya figura estelar es Lionel Messi. En una cuidada conferencia de prensa que se replicó en todo el planeta, Trump aprovechó la ocasión para elogiarse a sí mismo y, a la vez, exponer sus pobres conocimientos sobre un deporte que, dicho sea de paso, no es el más popular del país pero que sí ha concitado, en los últimos años, el interés de importantes grupos económicos y fondos de inversión.

Los analistas en estrategia, al igual que los asesores en marketing político, también saben que el camino más seguro al fracaso es amontonar los conflictos en vez de resolverlos de a uno por vez. En este caso, la prolongación indefinida de la guerra podría arrastrar al Mundial de Futbol de 2026 a su fracaso deportivo y económico y los dos, en conjunto, sepultar las ya acotadas chances de Trump de lograr su ansiada victoria legislativa en noviembre próximo.